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El relato se
da como
pátina del
alma de un
autor que no
tiene edad,
pues esta
carencia de
ubicuidad
cronológica
le sucede a
los
escritores
que
mantienen el
enfant del
homo ludens
que se
revela en la
máxima
expresión de
su intención
lúdica:
jugar con la
palabra. Y
en la
proyección
en el pueblo
de Altacruz,
es la casona
El olvido
donde, como
producto de
una
circunstancia
alucinante,
se recrea la
música y la
pintura
conjugadas
en la
literatura
de un
antineorrealismo
ingenuo que
es resuelto
por medio de
una prosa
poética que
describe el
olvido del
olvido.
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